domingo, 11 de octubre de 2009


A mi madre

No las grandes verdades yo te pregunto,
que no las contestarías; solamente investigo

Si cuando me gestaste, fue la luna testigo,
Por los oscuros patios en flor, paseándose.
Y si, cuando en tu seno de fervores latinos,
yo, escuchando dormía, un ronco mar sonoro
Te adormeció las noches, y miraste, en el oro
Del crepúsculo, hundirse los pájaros marinos.
Porque mi alma es toda fantástica, viajera,
y la envuelve una nube de locura ligera
cuando la luna nueva sube al cielo azulino.
Y me gusta, si el mar abre sus fuertes pebeteros.
Arrullada en un claro cantar de marinero
Mirar las grandes aves que pasan sin destino

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